Entrevista: Rosa Marqués @rocarmarcar | Fotografías: Cortesía de Benno Herzog.
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Este sociólogo e investigador de la Universitat de València, en la que desarrolla su labor en el Departamento de Sociología y Antropología, vuelve al vino con su nuevo libro: «Sociología del vino. Ensayos sobre gusto, cultura y poder»(Ed. Barlin Libros) para contarnos quiénes somos a través de él. ¿Sabías que detrás de una copa de vino se encuentran todas la grandes cuestiones de la sociedad?
Benno Herzong no es la primera vez que escribe de vino con una nueva perspectiva, la de la sociología, porque ha encontrado en esta bebida una extraordinaria herramienta para entender la sociedad, nuestras costumbres, nuestras relaciones y hasta nuestras diferencias culturales. Las relaciones de amistad y confianza, pero también las cuestiones de poder y jerarquías sociales, de inclusión y de exclusión, se plasman en una copa de vino. Quisimos saber por qué. ¿Te apuntas?
1. Eliges el ensayo como género para hablar de Sociología del vino. ¿Qué puede contarnos una copa sobre la sociedad en la que vivimos?
– El ensayo es una forma abierta de reflexionar. Pretende no cerrar un tema, sino abrir una reflexión e invitar a los lectores a seguir pensando. La sociología del vino vincula el vino que tenemos en la copa o que bebemos en compañía con todo un entramado social. Detrás de él se encuentran todas las grandes cuestiones de la sociedad: las relaciones de amistad y confianza, pero también las cuestiones de poder y jerarquías sociales, de inclusión y de exclusión.
2. En tu libro planteas que el vino funciona como una especie de lubricante social. ¿Esto sucede solo en nuestra cultura mediterránea o va más allá? En el libro te refieres también al mercado asiático.
– El vino funciona de forma diferente en las distintas culturas. En los países de la Europa mediterránea se trata de una bebida mucho más cotidiana que, por ejemplo, en los países anglosajones. En Asia podemos observar una mezcla interesante entre una nueva cultura del vino, vinculada a una creciente clase media y a su deseo de consumo occidental, por un lado, y la existencia de tradiciones y culturas propias, también en lo que respecta al consumo de alcohol, por otro. Asia no es solo un mercado, sino también —cada vez más— un productor. El gigante chino ha creado en los últimos años enormes viñedos que producen vinos de una calidad considerable.
El autor nos muestra su obra recientemente publicada. Editorial Barlin Libros.
3. Hablar de vino también es disfrutar del vino, afirmas. Para hacerlo más atractivo, ¿hay que cambiar la forma en que hablamos del vino?
– No hay una única forma de comunicarse sobre el vino y, por supuesto, es totalmente legítimo no querer hablar de él. Pero mucha gente disfruta más de un fenómeno cultural cuanto más sabe sobre él. A este respecto, el vino no es diferente al fútbol o a la literatura. Lo importante es adaptar siempre el estilo comunicativo al público y a la situación social concretos. ¿Se trata de un experto en vino o de un aficionado? ¿Estamos en una situación profesional o lúdica?
4. ¿Cuándo empezamos a formarnos una opinión sobre un vino? En tu libro planteas que mucho antes de probarlo…
– Sí. Ya el precio, la etiqueta o la situación social nos crean pre-juicios, es decir, juicios previos y expectativas sobre el vino. Estos prejuicios se pueden corregir y adaptar posteriormente, pero, aun así, influyen en nuestra percepción. E incluso podemos ir más lejos y decir que nuestras expectativas, que influyen en la propia percepción, se han ido formando a lo largo de nuestra socialización. Esperamos de ciertos vinos, regiones o situaciones sociales que nos ofrezcan experiencias especialmente placenteras. Y son precisamente estas expectativas las que, de forma inconsciente, entran siempre en juego en la valoración de un vino concreto. Es justamente por ello por lo que las catas profesionales suelen hacerse a ciegas. Porque todos nosotros tenemos prejuicios.
5. ¿Nos parece mejor simplemente porque sabemos que es caro?
– Hay muchas investigaciones que demuestran que el precio influye en la percepción. Un experimento sencillo consiste en poner un vino de tetrabrik en una botella de mayor calidad o hacer lo contrario, y estudiar las respuestas de los consumidores. De hecho, gran parte del marketing se basa en esto: en crear una imagen positiva de un producto para favorecer una percepción también más positiva.
Obsérvate en la próxima copa de vino que tomes desde el punto de vista de la Sociología: ¿Quién eres?
6. Hay una idea muy interesante en el libro. Para entender de vinos hay que empezar por entender a quienes los consumen. Parece básico, pero es la clave. Y por otro lado, ¿qué es para ti exactamente entender de vinos?
– Entender de vinos puede significar muchas cosas. Hay quien es experto en enología y hay otros especialistas en los aspectos legales del vino o en el su marketing. Todos ellos entienden de vino y lo hacen desde sus perspectivas particulares. La perspectiva sociológica no es mejor, sino simplemente diferente, y ofrece otra capa de conocimiento sobre el vino. Realmente, en muchas ocasiones no estamos tan interesados en el vino como en establecer o mantener una relación social mediante él. Pensemos por ejemplo en una cena romántica, pero también en una cena familiar. En estos casos, entender de vinos significa entender que el vino es el mediador, o el «lubricante social», que puede influir en esa relación. Por ello, en mi libro invito a pensar no solo en el vino, sino también en la relación social que queremos crear mediante él.
7. Disfrutar de un vino se ha convertido, en ocasiones, en una especie de examen. ¿Puede el lenguaje especializado convertirse en una barrera para quienes no son expertos?
– Sí, claramente. Es curioso cómo algo que nos debería ayudar a comunicarnos, intercambiar información y aprender puede, al mismo tiempo, crear distinciones sociales. Y es que el lenguaje también produce y reproduce diferenciaciones sociales, y fácilmente puede generar la sensación de no pertenecer a ese grupo selecto que sabe de vinos y se desenvuelve con facilidad en el mundo de los buenos vinos. Esto es una barrera, sin duda. Y es también una de las razones por las que el vino no suele ser una bebida habitual entre la gente joven. Además, es una de las razones por las que proliferan los cursos de cata. Aquí la gente no solo aspira a pasárselo bien y adquirir conocimientos, sino también a aumentar su estatus social.
8. ¿Por qué algunas regiones construyen una identidad tan fuerte alrededor del vino? Hablas en tu libro incluso de un grupo terrorista vinculado al vino y al paisaje.
– Los llamo terroiristas. Es una mezcla entre el terror y el terroir, entendido como una relación especial con una región. El vino pertenece a esa clase de productos cuyas características específicas dependen de un lugar físico concreto. Puedo producir el mismo coche o refresco en España que en Dinamarca. Pero un vino español o un vino de Montilla-Moriles no puedo producirlo ni en Noruega ni en Italia. Es decir, el vino crea una relación particular entre un producto, la tierra y su gente, con su cultura. Si a ello se añaden también factores políticos, como en el ejemplo que presento en el libro sobre la región francesa del Languedoc, las cuestiones políticas y económicas pueden adquirir un componente irracional y violento. Pero, por suerte, esto suele ser la excepción.
El vino es un auténtico lubricante social.
9. En territorios como Montilla-Moriles, el vino forma parte de la gastronomía, la economía y la memoria colectiva. ¿Conoces los vinos de la zona? ¿Alguno favorito y por qué?
– Tengo que admitir que todavía no he probado ningún vino de la región. Pero tengo muchas ganas de probarlos y de conocer, a través de ellos, la región, su gente y su cultura. Para mí, el vino siempre funciona como una ventana al mundo.
10. ¿Cómo afectan el cambio climático y las preocupaciones medioambientales a nuestra manera de producir, comercializar y consumir vino? ¿Estamos preparados para cuestionar también los envases y el transporte?
– Ojalá fuera un simple cambio climático. El sector del vino se puede adaptar relativamente bien a temperaturas más altas, por ejemplo, utilizando otras variedades y otros clones, cambiando los sistemas de conducción de la vid o trasladándose a zonas más altas y, por tanto, más frías. Pero realmente estamos ante una crisis climática que trae consigo nuevos fenómenos climáticos extremos. Y a estos resulta mucho más difícil hacer frente.
Desde una perspectiva global, también el sector del vino debe de contribuir a reducir nuestra huella de carbono. Y esta está relacionada, sobre todo, con los costes del transporte. También aquí existe una variedad de propuestas: desde el consumo local hasta el uso de envases más ligeros o de sistemas de depósito, devolución y retorno, para no tener que producir constantemente nuevos envases.
11. En un mercado globalizado, lo local se ha convertido en una señal de identidad y calidad. ¿Es lo local siempre sinónimo de calidad?
– La cuestión de la calidad es muy complicada y su definición en el sector del vino es objeto de un intenso debate.
Respecto a lo local, hay que entender que algo local en una región es algo importado en otra, aunque se trate del mismo producto. En el vino, lo que muchas personas buscan es algún tipo de autenticidad y originalidad que lo diferencie del resto. Destacar el carácter local, pero también su vínculo con una cultura regional particular, puede ser un factor importante.
El vino nos posiciona, igual que la ropa que llevamos, las vacaciones que hacemos, el coche que conducimos… Habla de nuestro estatus social.
12. Señalas en tu libro que las contradicciones del mundo del vino contribuyen a su evolución. ¿Cuáles te parecen hoy las más significativas?
– Hay muchas tensiones productivas, y la cuestión de hasta qué punto son significativas depende de la pregunta: ¿significativas para quién? ¿Para los productores, para las regiones, para los consumidores…?
Una de las tensiones más interesantes me parece la que existe entre los vinos industriales, con una calidad estandarizada y previsible, y la tendencia a experimentar, redescubrir variedades autóctonas y recuperar formas tradicionales de vinificación. De esta fusión surgen vinos nuevos e interesantes: vinos originales que, al mismo tiempo, tienen una calidad considerable.
13. ¿Qué papel desempeña el vino en la construcción de las diferencias sociales?
– El consumo de vino puede expresar y reforzar las diferencias sociales. No solo el tipo de vino que bebemos, sino también cómo lo bebemos o cómo hablamos de él influye en esta práctica de posicionamiento social. Pero esto no es ninguna particularidad del vino. Cualquier consumo nos posiciona, independientemente de que queramos o no. El coche que conducimos, la ropa que llevamos o las vacaciones que hacemos dicen algo sobre nosotros, nuestros gustos y estilos de vida y, con ello, sobre nuestra clase y nuestro estatus social.
14. En el manga japonés «Las gotas de Dios», el vino se describe mediante un lenguaje visual y metafórico muy sugerente, según explicas en tu libro. ¿Qué posibilidades ofrece la narración para acercar la cultura del vino a nuevos públicos?
– Hay espacios culturales que se asocian tradicionalmente con algún tipo de consumo específico, ya sean las palomitas en el cine, las cervezas en un concierto de música punk o los vinos de honor en la inauguración de una exposición. El vino, al tener una imagen muchas veces asociada a la alta cultura y al refinamiento, ha tenido siempre dificultades para entrar en estos espacios menos formales. Apenas se bebe vino en cines, discotecas o estadios de fútbol.
El manga en cuestión ofrece una posibilidad de llegar a un público totalmente nuevo y de vincular sus competencias y gustos culturales relacionados con el manga con el aprendizaje sobre el vino. Cualquier narración se tiene que adaptar al público concreto. No hay un único tipo de consumidor. Más bien estamos ante un mercado bastante fragmentado.
15. Si tuvieras que asistir a una cata que realmente se plantease de forma diferente, con todo esto que cuentas, ¿cómo la imaginas?
– Creo que hay mucho potencial para organizar catas más lúdicas que nos inviten a pensar de forma más creativa sobre un vino. Intentar maridar un vino con una persona famosa, es decir, preguntarse «¿con qué famoso combina este vino, y por qué?», o plantearse comparar el vino con cuadros, paisajes, piezas musicales, etc., puede abrirnos formas originales de percibir aspectos del vino que no suelen aparecer en un análisis estrictamente técnico.
