Texto: Rosa Marqués  |  Fotografías: Javier Portero Foto de portada: Los patios del refugio de este artista octogenario son la antesala perfecta para una inmersión en su universo creativo, y para una copa de vino en su bodeguita.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Oculto entre antiguos caminos de viñas, el Lagar de La Toba alberga el sorprendente universo creativo de Rafael Rodríguez, autor de algunas de las obras más emblemáticas de Montilla. A sus 83 años, el artista ha recibido un merecido homenaje. Visitamos su refugio, ese antiguo lagar donde arte, vino y memoria se entrelazan.

Los únicos que saben de su existencia son los mayores. Como ocurre con tantas cosas. Aquellos que trabajaron con sus manos esta tierra que hoy rodea el antiguo Lagar de La Toba, cuya historia parece escapársenos entre los dedos.

Ellos atravesaban las frondosas viñas de Pedro Ximénez a lomos de sus mulas, de sol a sol. Y donde hoy se levantan enormes e impersonales supermercados, con aparcamientos de cemento rebosantes de coches y consumidores que llenan sus maleteros con productos llegados de cientos de kilómetros, permanece oculto el lugar al que nos dirigimos.

Talleres Bodegas Navarro 2026 - We Love Montilla Moriles

Retrato del polifacético artista Rafael Rodríguez, nieto del afamado maestro de capataces, Juan Rodríguez.

Qué emoción recuperar este trayecto. Devolver a cada paso el alma de lo que fue para llegar, finalmente, a este santuario secreto del Arte.

Pocos de los que pasan por aquí a diario —incluida quien escribe— imaginan que, al final de un sendero casi devorado por la maleza, entre flores silvestres que pronto secará el verano, se esconden los jardines y la casa-estudio de Rafael Rodríguez.

Escultor, pintor, profesor, maestro, bohemio. Un artista polifacético que, a sus 83 años, continúa habitando este rincón apartado de Montilla. Nieto del afamado maestro de capataces jerezano, es autor de algunas de las obras más emblemáticas de la ciudad: la Fuente del Encuentro de las Dos Culturas, en el Paseo de Cervantes; la estatua-fuente de San Francisco Solano; o el mural en bajorrelieve del patio trasero de la Casa del Inca Garcilaso, por citas solo algunas.

La pregunta surge inevitable: ¿cómo es posible que un creador de esta dimensión no hubiera recibido hasta ahora un homenaje público?

Talleres Bodegas Navarro 2026 - We Love Montilla Moriles

Cada patio ofrece una nueva sorpresa visual. Perspectivas, esculturas y elementos arquitectónicos dialogan entre sí.

Un lagar que dio nombre a un barrio

 

La toba es una roca porosa y ligera formada por la precipitación de carbonato de calcio en aguas de ríos o manantiales. Ese es el origen de la palabra que dará nombre primero al lagar, hoy refugio del artista, y después a un barrio entero a las puertas de Montilla.

Fue aquí donde, en los años cincuenta, el padre del artista comenzó a levantar esta singular construcción de labor que podría decirse que aún sigue edificándose, porque Rafael nunca ha dejado de añadir piezas, rincones y hallazgos.

Hoy sus cuatro patios invitan a sumergirse en un universo creativo donde las sombras, el agua, la vegetación… dialogan constantemente con la escultura. Más de siete fuentes acompañan el recorrido con su murmullo, despertando la imaginación a cada paso.

Talleres Bodegas Navarro 2026 - We Love Montilla Moriles

Recorrer estos patios invita a detener el ritmo y a entrar en los tiempos del arte.

Es una suerte de Palacio de Viana escondido en la campiña montillana. Un espacio que debería abrirse al público para el deleite de quienes entienden el arte como una forma de habitar el mundo.

La prueba aparece en cada rincón. Como una espectacular tinaja situada bajo una parra, convertida en monumento poético por unas palabras talladas por el propio artista:

«Centauros lujuriosos en la noche de los tiempos hollaron este barro bermejo del que soy rotunda…»

No es una excepción.

Ya lo advirtió el periodista Manuel Bellido en Pinceladas de Palabras, el volumen que recopila textos del artista y que culmina este homenaje a toda una vida de creación. Rafael, escribió Bellido, «registra sus pensamientos y pareceres en superficies como tinajas, ánforas, barriles, ventanales y orlas, no solo en libretas y papeles sueltos».

Basta recorrer estos jardines para comprobarlo.

Talleres Bodegas Navarro 2026 - We Love Montilla Moriles

Por doquier, frases, palabras y dedicatorias como esta de Miguel Carlos Clementson Lope, director de la Escuela de Arte y Superior de Diseño Mateo Inurria de Córdoba, donde el artista fue profesor durante 30 años.

Un museo al aire libre

 

Entre fuentes, naranjos, cipreses, flores, gatos y parras aparecen dispersas medio centenar de columnas. En una puede leerse: «El arte es largo. La vida es corta». En otra construcción formada por morteros de piedra apilados como una torre imposible, una inscripción proclama: «Viva el salmorejo».

Todo aquí respira una mezcla de sabiduría popular, humor, clasicismo y amor incondicional por la tierra. Y por supuesto, el vino, que trae en la sangre de su familia jerezana.

«Él hizo la carrera por libre», continúa Ángel Márquez. «Y hasta hoy apenas había expuesto». Siempre se sintió más cómodo creando en silencio que ocupando escaparates.

Su trayectoria docente, sin embargo, fue extensa. Durante más de treinta años impartió clases en la Escuela de Artes Mateo Inurria de Córdoba, además de ejercer en Granada y Aguilar de la Frontera.

Talleres Bodegas Navarro 2026 - We Love Montilla Moriles

Dos momentos visuales: a la izquierda, columna de morteros de piedra, con la inscripción Viva el Salmorejo. A la derecha, juegos de perspectivas en el patio de las palmeras.

Cada patio ofrece una nueva sorpresa visual. Perspectivas, esculturas y elementos arquitectónicos dialogan entre sí invitando a la contemplación pausada.

En el Patio de las Palmeras, presidido por cuatro ejemplares monumentales, emerge un gran busto de Séneca entre dos tinajas dedicadas a Montilla y a Moriles.

Cada rincón funciona como un pequeño altar. Espacios sagrados donde uno se sentaría a compartir una copa de Amontillado, de Palo Cortado… mientras escucha el rumor de los árboles y contempla cómo cambia la luz de la tarde.

En otro extremo aparece una pajarera diseñada por el propio artista, que durante años alojó periquitos. Más allá, bajo una inmensa yedra que trepa por los muros, descansa el molde de las tres figuras que integran la Fuente del Encuentro de las Dos Culturas: el Inca Garcilaso, la princesa inca y el capitán español.

Junto a ellas, una enorme piedra de molino convertida en mesa. Aquí todo tiene una historia.

Talleres Bodegas Navarro 2026 - We Love Montilla Moriles

En cada palmo se puede sentir el trabajo del artista durante años. Sobre estas líneas, una pajarera que estuvo habitada en otros tiempos.

El corazón del vino

 

El calor aprieta y nos refugiamos en la bodega.

El enorme portón anuncia el frescor antes incluso de cruzarlo. Al abrir la puerta nos envuelve ese aroma inconfundible. Ese aroma nuestro.

Qué patrimonio sensorial posee Montilla. Qué fortuna que todavía forme parte de nuestra memoria colectiva.

«Esto era la lagareta», explica Ángel mientras señala los antiguos trujales, aún conservados bajo unas tablas de madera.

El espacio, de techos altísimos y cubierta a dos aguas, parece pertenecer a otro mundo. Durante décadas albergó más de medio centenar de botas que surtieron de vino a numerosos amigos y aficionados.

Talleres Bodegas Navarro 2026 - We Love Montilla Moriles

En la bodega, los aromas y el techo a dos aguas te sumergen en el escenario perfecto para una copa de vino.

En este santuario del vino, otro de los lugares esenciales del mapa sentimental montillano, se conservan muchos de los once carteles de la Cata Flamenca realizados por Rafael Rodríguez. Desde el primero hasta el del cincuenta aniversario celebrado el pasado año.

Nos adentramos aún más, hasta una pequeña bodeguita organizada alrededor de una gran mesa de madera. En una pared cuelga una fotografía histórica: Camarón de la Isla junto a Paco de Lucía durante una edición de la Cata Flamenca.

Por aquí pasó la plana mayor del flamenco.

«Esta bodega ha visto muchísimas cosas», recuerda Ángel. «Aquí venían los cantaores a celebrar su propia cata flamenca».

Entre los recuerdos emerge uno especialmente vívido. Una noche, en la oscuridad de la bodega, El Pele comenzó a cantar entre las botas.

«Parecía que una voz divina surgía desde las tinieblas», rememora el amigo del artista.

Talleres Bodegas Navarro 2026 - We Love Montilla Moriles

A la izquierda, bajo uno de los carteles que firmó el artista para la Cata Flamenca de Montilla, su sombrero y sus bastones. A la derecha, sobre la bota, la mítica fotografía de Camarón y Paco de Lucía a su paso por Montilla.

El hombre detrás de la obra

 

Llega la hora del vino y aceptamos encantados una copa de fino extraída de una bota decorada con una recreación del mosaico romano hallado en las montillanas Bodegas Cruz Conde.

Aquí nada es anecdótico.

Mientras conversamos sobre el patrimonio sentimental de los lugares del vino y sobre todo aquello que estamos dejando perder, reparo en una frase grabada en piedra: In Vino Veritas. Vuelve el corazón a palpitar fuerte.

Entonces nos anuncian que Rafael ha llegado acompañado por una visita procedente del Aula del Vino de Córdoba.

Salimos al patio.

Con ayuda de su bastón, avanza despacio. Como si todo este homenaje no fuese realmente con él. Como si hubiera pasado la vida observando desde la discreción el mundo que ahora se detiene a contemplarlo.

Amable, sencillo y sereno, nos conduce hasta su estudio.

Talleres Bodegas Navarro 2026 - We Love Montilla Moriles

Ars longa vita brevis, el aforismo del médico griego Hipócrates nos pone en la pista: dejar un legado toma toda una vida.

Queremos preguntarle muchas cosas. Demasiadas. Entre ellas se me escapa pedirle que este espacio forme siempre parte de nuestro patrimonio sentimental. Que no lo dejemos morir nunca…

Pero es tarde. El calor aprieta. Y en la mirada del artista parecen estar ya todas las respuestas.

De todas formas, me digo, habrá tiempo para conversar con él durante la clausura de este homenaje, en el Claustro del Pretorio del Convento de Santa Clara, rodeado de inmensos muros blancos y de sus esculturas.

Mientras tanto, abandonamos La Toba con la sensación de haber descubierto uno de esos lugares que permanecen ocultos incluso para quienes viven a pocos metros de ellos.

Un lugar donde el arte, el vino y la memoria siguen resistiendo en silencio.

Compárteme: