Texto: Redacción WLMM  |  Fotografías: Rosa Marqués, Andreína Contreras Foto de portada: Miroslav Satko para Pexels.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Bébete el paisaje con esta selección de vinos de la enóloga Fátima Ceballos, afincada en Montilla, realizada para la cata celebrada con motivo del Día Internacional del Enoturismo, por Turismo de Montilla. Disfrútalos esta Primavera.

La enóloga Fátima Ceballos nos propone 4 vinos blancos para disfrutar esta primavera, todos con un denominador común: vinos nuevos que ofrecen una perspectiva diferente a los grandes vinos tradicionales de la D.O Montilla-Moriles.

Además, estos proyectos, en los que la enóloga colabora, han recibido la atención de una de las publicaciones internacionales más importantes del mundo del vino, la prestigiosa revista Decanter, en un rico artículo de la Master of Wine, Sarah Jane Evans. Toma nota y disfrútalos.

 

Blanco Natural, Lagar Santa Magdalena, Moriles Altos

En este Lagar de Santa Magdalena, Chea Madrid y Antonio Alarcón, sus propietarios han sabido restaurar y devolver el alma a este lagar único, convertido en un lugar de reuniones y disfrute del vino.

Ellos han rescatado joyas que tenían en la bodega y están elaborando nuevos vinos más frescos que reflejan la identidad del paraje, haciendo un gran trabajo en el viñedo bajo una filosofía de viticultura regenerativa, puesto que los suelos de Moriles son suelos muy pobres y tradicionalmente se han trabajado mucho –aquí la erosión es un hecho–.

Este Blanco Natural es un vino sin florituras en la elaboración, solo zumo de uva fermentado y con unos meses de crianza sobre lías, para redondearse. Un vino muy agradable, que en nariz recuerda a fruta de hueso y en boca es envolvente, muy suave.

cata 4 vinos blancos - We Love Montilla Moriles

Los 4 vinos seleccionados por la enóloga Fátima Ceballos. Foto: Rosa Marqués.

MIUT, L’Assemblage, Bodegas Toro Albalá

Su nombre significa Mimo, Identidad, Uva y Tierra y es toda una declaración de principios, los valores de este proyecto de Bodegas Toro Albalá, en Aguilar de la Frontera, basados en el cuidado y la expresión. Pertenece además a una gama de vinos compuesta por tres vinos de parcela y este, L’Assemblage, una mezcla entre Moriles y Montilla.

Se trata de la fusión de dos parajes muy especiales, Lagar de Santa Magdalena, que acabábamos de conocer y El Jabonero, una viña vieja de la Sierra de Montilla con cepas casi centenarias y de las más altas de la Sierra de Montilla, casi a 600 metros.

Aquí también se trabaja en ecológico y además con unos medios muy manuales porque la orografía de la parcela no permite la mecanización. La Sierra de Montilla en la nariz, recuerda a flores y fruta blanca, notas frescas y minerales y en boca, el carácter de Moriles que se abre paso con su potencia y contundencia.

 

Dulas Blanco fermentado en Barrica, Lagar de la Salud

Lagar de la Salud, es un proyecto personal de Miguel Puig y Fátima Ceballos (yo misma), un proyecto que arrancó en 2017, aunque el lagar tenga mucha más historia. El Pago de la Salud es un antiguo paraje de los ruedos de Montilla, donde Miguel Velasco Chacón, bisabuelo de Miguel y antiguo gran bodeguero de mitad de siglo pasado, comenzó sus andaduras.

Enóloga Fátima Ceballos - We Love Montilla Moriles

Fátima Ceballos y Miguel Cruz en su Lagar de la Salud. Foto: Andreína Contreras.

La firma, Dulas, significa Salud al revés y con ella la pareja mantiene lo que tiene el terruño pero desde una perspectiva diferente, desde el respeto de la naturaleza y con una filosofía ecológica que trabaja el viñedo de forma manual, fomentando la biodiversidad y el equilibrio de las plantas.

En nariz, este vino fermentado en barrica experimenta una constante evolución, desde el sutil roble francés hacia delicadas notas cítricas y tropicales, complementadas con toques especiados. En boca, elegante, expresivo y untuoso, ofrece un final amplio, persistente con recuerdos de bollería.

 

Los Turistas, Lagar Cañada Navarro

De la parcela más antigua del Lagar Cañada Navarro, de la Sierra de Montilla, propiedad de dos de los integrantes de los Insensatos de la Antehojuela, la viña cuenta con cepas casi centenarias de Pedro Ximénez y otras variedades de vidueño (Baladí y Montepila).

Su nombre le viene por ser la parcela situada en la entrada del lagar y por lo tanto la que los turistas pisan al llegar.

La viticultura aquí es respetuosa e integrada en el marco de un proyecto en el que uno de los elementos destacables, además de las parcelas, son las tinajas tradicionales de hormigón, un sello de identidad en estos vinos.

Además, el vino es criado bajo velo de flor durante unos siete meses y en nariz recuerda a hierba recién cortada y frutos de hueso secos. También se puede sentir el frescor y la verticalidad de las albarizas de la Sierra de Montilla. En boca, se aprecia el carácter del viñedo viejo, por la concentración y su prolongación en el paladar.

«Montilla-Moriles». Artículo de la Master of Wine, Sarah Jane Evans, publicado en Decanter

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